¿Falta mucho?
Me encantan las curvas
Para un lado y para otro…
Solo quería despistarte un poco, a ver si después encuentras el Escondite de Biescas.
Ya te he dicho que tú la ligas, por ser el último en llegar. No el peor, ni el más raro, ni el más simpático: simplemente, el último. Te pones mirando a la pared y, sin hacer trampas, cuentas hasta 50. El juego es fácil: te voy a enseñar mi casa, pero no te voy a poner ni una foto. Más bien te la voy a contar. Aquí comienza la historia de «El Secreto de África».
— ¿Falta mucho?
— Un poquito menos que hace cinco minutos, hija.
La pequeña África sabía que cuando llegaban las curvas significaba que ya quedaba poco para llegar. Todos los veranos acudían al menos una semana a disfrutar de la casa de su tío. Al resto de sus hermanos también les gustaba, pero África tenía sus motivos para estar impaciente.
El coche de su padre iba recorriendo esas curvas y, en algunas de ellas —África las conocía bien—, podía verse un sendero que se adentraba en el bosque y se perdía entre la maleza. Ya atardecía: no le quedaría más remedio que esperar al día siguiente para hacer lo que llevaba tanto tiempo esperando.
— sin salir de la historia
¿Ya te rondan unas fechas?
Apúntalas sin compromiso. Se guardan y sigues jugando — cuando llegues al final, tu reserva ya estará empezada.