El juego · Empieza

Tú la ligas

Yo, ¿por qué?

Porque acabas de llegar.

El juego es muy fácil: has jugado millones de veces cuando eras pequeño, y has vuelto a jugar cuando has sido padre o madre. Era mucho más fácil esconderse de pequeño; ahora mis gemelos de montañero asoman siempre por un lado del sofá y me encuentran rápido, así que siempre me la ligo…

¡¡¡NO VALE!!! Me encanta jugar al escondite.

Mira, te voy a explicar cómo se juega. Es una versión adaptada de un juego que se jugaba hace muchos años en el Pirineo. Ciertos pasos entre el sur que ocupamos nosotros y el norte —esos que hablan raro y dicen que sus vinos son los mejores— los usaban contrabandistas, perseguidos y forajidos para pasar de un país al otro. A todos ellos, que necesitaban pasar desapercibidos por aquellos caminos, les llamaremos VIAJEROS.

No veas si eran importantes para ellos los escondites. Eran vitales: su refugio, donde recuperaban fuerzas, se calentaban o se curaban las heridas del viaje. Solo unos pocos conocían la localización de todos ellos, y llevaban a los maltrechos viajeros cuando les fallaban las fuerzas o tenían a la justicia pisándoles los talones.

Un lecho con buenas mantas de piel de oveja del Pirineo, un pedernal, algo de leña seca, unas vasijas con carne ahumada, unos odres de agua y siempre uno pequeño de aguardiente, de esos que te encienden por dentro según baja por la garganta. Estos refugios han salvado a miles de personas durante muchos años.

¿A que es interesante?

Pues me lo he inventado todo. TODO.